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| Caragolada mortal / acrílic i BiC sobre paper / A4 / 2026 |
Davant la imminent publicació d'un nou llibre de relats que durà per títol Cuentos del abuelo, el seu autor, Francesc Martínez Tolosa, ha tingut a bé, obsequiar-nos amb un tast, Caracoles, relat que he tingut el plaer d'il·lustrar. Bon profit!
LOS CARACOLES
Contaba mi abuelo una historia que, de ser real, sería lo más triste que jamás habría pasado en la Tierra. Una noche oscura de otoño como tantas, algunos vecinos del pueblo salieron con sus carbureros* en busca de caracoles, pues había estado lloviendo todo el día y todos sabemos que salen a comer cuando la hierba está tierna y fresca. Habían decidido ir al monte en busca de mochetas**, que eran, según se decía, los más sabrosos y buenos.
Iban cantando y silbando cada cierto tiempo para no perderse por el monte. Llevaban pequeños sacos con algunas ramas de romero para ir poniendo los caracoles. Cuando no llevarían más de diez minutos en estos quehaceres, alguien gritó el nombre del más joven del grupo para saber si estaba bien, pues no respondía a los silbidos. Se pusieron todos a llamarlo durante un buen espacio de tiempo, pero no respondió.
Todos dejaron de coger caracoles y empezaron a buscar al joven de 14 años con gritos. Corrían y saltaban matorrales y piedras velozmente casi a oscuras, sin saber muy bien por dónde andaban. Repetían y gritaban cada vez con más fuerza su nombre, pero nadie respondía a las llamadas, hasta que vieron en las entrañas de una encina vieja y muy cuarteada una luz azulada de las que producen los carbureros. Había un perol de barro colgado de una lasca de piedra incrustada en su tronco de donde rebosaban miles de caracoles. Toda la corteza del árbol estaba impregnada de moco húmedo y muy viscoso, baboso.
Solo uno se atrevió a mirar por el hueco del árbol. De inmediato apartó su cuerpo con el rostro desgarrado, los ojos desorbitados, los brazos en cruz, su boca abierta y aullando más que gritando. Cayó hacia atrás mientras vociferaba de miedo tan fuerte que hasta se escuchó en los pueblos vecinos, a mucha distancia. Todos empezaron a correr soltando las luces. Terminaron en un camino pegajoso que les impidió llegar a ningún sitio. Quedaron atrapados entre la mucosidad y el ramaje bajo.
Nunca más se supo de ellos, a excepción de quien lo contó y que afirmó ver, mientras huía, la silueta de un caracol enorme arriba en la loma más alta. Afirmaba que el cuerpo del joven a quien buscaban terminó dentro del árbol con el cuerpo despedazado a trozos, cubierto de babosas y mochetas. Jamás se encontró. No podía hablar con plena seguridad, dijo, pues lo vio de lejos, con luz de carburero y con más asco, si cabe, que miedo.
Nunca más se volvió a comer un solo caracol en el pueblo y nadie osó jamás salir en las noches oscuras y húmedas de invierno.
* Carburero: instrumento metálico de hojalata y una pantalla que reflejaba la llama del gas acetileno producido por la piedra de carburo mezclada con agua. Muy utilizado en agricultura.
** Mocheta: tipo de caracol propio de los montes.

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